En los últimos años, los despidos en empresas de tecnología dejaron de ser acontecimientos extraordinarios.
Se convirtieron en parte del calendario.
Con cada nuevo anuncio, el guion parece repetirse: una empresa publica sus resultados financieros, habla de eficiencia, reorganización, enfoque estratégico e inteligencia artificial. Poco después, cientos o miles de profesionales descubren que sus puestos fueron eliminados.
Para quienes observan el mercado desde fuera, la conclusión parece sencilla:
La inteligencia artificial está reemplazando a los profesionales de tecnología.
Para quienes trabajan en el sector, surge otra explicación:
Las empresas contrataron demasiado durante la pandemia y ahora están corrigiendo el exceso.
Ambas afirmaciones contienen algo de verdad.
Y ambas, cuando se utilizan de manera aislada, ocultan una transformación mucho mayor.
Los despidos actuales no ocurren por una única causa. Son el resultado de la combinación entre contrataciones excesivas, cambios económicos, presión por rentabilidad, reestructuraciones internas y una tecnología que promete permitir que menos personas produzcan más.
La IA no creó todos estos problemas.
Pero llegó en el momento perfecto para acelerarlos y, en algunos casos, justificarlos.
La narrativa más cómoda
Todo despido necesita una explicación.
Difícilmente una empresa dirá públicamente:
Contratamos sin planificación, creamos estructuras innecesarias y ahora necesitamos corregir nuestras decisiones.
El discurso suele ser más elegante.
La empresa está “simplificando su operación”.
Está “reduciendo niveles jerárquicos”.
Está “reasignando recursos”.
Está “priorizando áreas estratégicas”.
O está “preparándose para la era de la inteligencia artificial”.
Estas frases pueden representar cambios reales. El problema es que también funcionan como un lenguaje corporativo capaz de transformar errores de gestión en inevitabilidad tecnológica.
Cuando una empresa atribuye recortes a la IA, transmite la impresión de que la decisión no podía evitarse.
No fue la dirección la que se equivocó.
No fue la planificación la que falló.
No fue la estrategia la que cambió.
Fue el futuro el que llegó.
De esta manera, la inteligencia artificial corre el riesgo de convertirse en una justificación universal para decisiones que tienen causas mucho más complejas.
Eso no significa que su impacto sea ficticio.
Significa únicamente que debemos tener cuidado antes de aceptar cualquier comunicado corporativo como un análisis completo del mercado.
Antes de la IA, estuvo la pandemia
Para entender los despidos, necesitamos retroceder algunos años.
Durante la pandemia, las empresas de tecnología experimentaron un crecimiento extraordinario en la demanda de servicios digitales. El trabajo remoto, el comercio electrónico, el entretenimiento en línea, los servicios en la nube y las herramientas de comunicación adquirieron una posición aún más central en la economía.
Muchas empresas interpretaron aquel crecimiento de emergencia como un cambio permanente.
Contrataron a gran velocidad.
Expandieron productos.
Crearon nuevos equipos.
Abrieron proyectos experimentales.
Aumentaron las estructuras administrativas y los niveles de gestión.
Había capital disponible, tipos de interés bajos y una expectativa de crecimiento casi ilimitada. En un entorno así, contratar lentamente parecía más peligroso que contratar en exceso.
Después, el escenario cambió.
La vida presencial regresó parcialmente. El crecimiento de algunos servicios se desaceleró. Los tipos de interés aumentaron. El capital se volvió más caro. Los inversores comenzaron a exigir rentabilidad, no solamente expansión.
Los proyectos que parecían estratégicos pasaron a considerarse prescindibles.
Los equipos creados para sostener un crecimiento acelerado ya no encajaban con el nuevo ritmo de las empresas.
Las primeras grandes olas de despidos del sector comenzaron antes de que la IA generativa se incorporara de manera relevante a los procesos empresariales.
Por lo tanto, atribuir toda la crisis actual a la inteligencia artificial sería históricamente incorrecto.
Parte de los recortes es, efectivamente, una corrección del optimismo exagerado de la pandemia.
Pero esa explicación también se está volviendo incompleta.
Porque una corrección debería terminar en algún momento.
Y los recortes continúan.
La IA no necesita reemplazar directamente a una persona
Cuando imaginamos la sustitución de empleos por la IA, pensamos en una máquina realizando exactamente el mismo trabajo que una persona.
En la práctica, el impacto suele ocurrir de una manera menos visible.
Una empresa no necesita reemplazar a diez desarrolladores por diez agentes autónomos.
Puede proporcionar herramientas de IA a ocho desarrolladores, aumentar sus objetivos de productividad y decidir que los otros dos puestos ya no son necesarios.
La IA también puede acelerar pruebas, documentación, análisis de datos, soporte interno, revisión de contratos, creación de prototipos y producción de código.
Ninguno de estos cambios necesita eliminar una profesión completa.
Basta con reducir la cantidad de personas consideradas necesarias para ejecutar un determinado volumen de trabajo.
Por eso, la pregunta “¿la IA ya puede reemplazar a un desarrollador?” puede llevarnos a una conclusión equivocada.
Tal vez todavía no pueda asumir la responsabilidad completa de un sistema.
Tal vez no comprenda todas las reglas del negocio.
Tal vez produzca errores, vulnerabilidades y decisiones técnicamente frágiles.
Aun así, puede modificar el cálculo financiero utilizado para definir el tamaño de un equipo.
La IA no necesita ser perfecta.
Solo necesita convencer a la empresa de que una cantidad menor de profesionales puede producir resultados similares.
Los números muestran que la IA ya forma parte de la justificación
En Estados Unidos, las empresas anunciaron 443.604 recortes de puestos de trabajo entre enero y junio de 2026. El sector tecnológico fue responsable de 139.156 de ellos, un aumento del 83 % en comparación con el mismo periodo de 2025.
En ese mismo análisis, la inteligencia artificial fue citada como motivo de 101.743 recortes, aproximadamente el 23 % de todos los despidos anunciados en el primer semestre. Solo en junio, la IA apareció como justificación para el 31 % de los recortes. (challengergray.com)
Estos datos exigen dos interpretaciones simultáneas.
La primera es evidente: la inteligencia artificial ya está influyendo en las decisiones sobre los equipos.
La segunda es igualmente importante: la mayoría de los recortes todavía no se atribuye directamente a ella.
Las condiciones económicas, el cierre de operaciones, la pérdida de contratos, las adquisiciones y las reestructuraciones continúan apareciendo entre las principales causas.
La realidad no cabe en un titular que diga que “la IA está robando empleos”.
Pero tampoco cabe ya en el argumento cómodo de que “todo esto sigue siendo solo una corrección de la pandemia”.
El verdadero impacto puede estar en la distribución del presupuesto
Existe otra forma en la que la IA puede provocar despidos sin automatizar directamente un puesto.
Compite por presupuesto.
Construir infraestructura para inteligencia artificial es caro. Entrenar y operar modelos requiere chips, centros de datos, energía, almacenamiento, redes y equipos especializados.
Las empresas están invirtiendo cantidades enormes en esta carrera. Para sostener esas inversiones y demostrar resultados a los accionistas, necesitan reducir costes en otras áreas.
Esto crea un movimiento de transferencia.
El dinero que antes financiaba determinados proyectos, productos o equipos pasa a financiar infraestructura, adquisición de herramientas y nuevas iniciativas relacionadas con la IA.
La empresa puede incluso estar creciendo.
Puede seguir siendo rentable.
Puede contratar profesionales en algunas áreas.
Y, aun así, eliminar miles de puestos en otras.
Eso fue lo que apareció en anuncios recientes. Visa informó en julio de 2026 que reduciría aproximadamente 2.600 puestos, equivalentes a cerca del 7 % de su plantilla, con un impacto especialmente relevante en tecnología y producto. La empresa relacionó la reorganización con la búsqueda de eficiencia y la inversión en áreas de crecimiento, incluida la IA, aunque afirmó que la tecnología no era la única causa de los recortes. (reuters.com)
Microsoft utilizó un lenguaje similar al anunciar aproximadamente 4.800 recortes en julio. La empresa declaró que los puestos eliminados no serían reemplazados directamente por IA, pero reconoció que la tecnología está modificando la forma en que se realiza el trabajo. (uol.com.br)
Estas declaraciones no son necesariamente contradictorias.
Un puesto no necesita ser ocupado por una máquina para ser eliminado como consecuencia de una estrategia construida alrededor de las máquinas.
¿Eficiencia para quién?
La palabra más repetida en los anuncios de despidos probablemente no sea “inteligencia”.
Es “eficiencia”.
Las empresas dicen que necesitan operar con mayor eficiencia, reducir burocracia, acelerar decisiones y acercar a los líderes a la ejecución.
Todo eso parece razonable.
El problema es que eficiencia puede significar cosas diferentes.
Para el equipo técnico, eficiencia puede significar automatizar tareas repetitivas, mejorar procesos, reducir incidentes y entregar productos mejores.
Para la empresa, puede significar aumentar los ingresos producidos por empleado.
Para el mercado financiero, puede significar mantener o ampliar los resultados con una nómina menor.
Estos intereses no siempre están alineados.
Cuando una herramienta aumenta la productividad, existen varias formas de utilizar ese beneficio.
La empresa puede reducir las jornadas laborales.
Puede mejorar la calidad.
Puede desarrollar nuevos productos.
Puede eliminar trabajos repetitivos.
Puede capacitar a los profesionales.
O puede simplemente elevar los objetivos y reducir el equipo.
La tecnología no determina qué camino se elegirá.
Esa es una decisión económica y administrativa.
Por eso, el debate sobre IA y empleo no puede limitarse a la capacidad técnica de los modelos. También necesitamos discutir quién controla los beneficios de productividad y cómo serán distribuidos.
Cuando diez personas pasan a producir el equivalente al trabajo de quince, la pregunta no es únicamente qué ocurrirá con las otras cinco.
También debemos preguntar qué sucederá con las diez que permanezcan.
¿Tendrán mejores condiciones?
¿Trabajarán menos?
¿Cobrarán más?
¿O simplemente serán presionadas para producir como quince personas por el mismo salario?
La eliminación de los niveles intermedios
Otra tendencia importante es la reducción de estructuras administrativas.
Durante los periodos de expansión, las empresas no contrataron únicamente desarrolladores. También aumentaron el número de gerentes, coordinadores, líderes de proyecto, profesionales de operaciones y puestos intermedios.
Con el fin del dinero barato y el aumento de la presión por eficiencia, estas estructuras comenzaron a ser cuestionadas.
La IA refuerza este movimiento al facilitar actividades como la elaboración de informes, el seguimiento de indicadores, la documentación de decisiones, la planificación inicial y la comunicación entre áreas.
Eso no significa que el liderazgo se haya vuelto innecesario.
Significa que las empresas están intentando operar con menos niveles entre quienes toman decisiones y quienes ejecutan el trabajo.
En algunos casos, esta simplificación puede eliminar burocracias reales.
En otros, simplemente transfiere responsabilidades a profesionales que ya estaban sobrecargados.
El desarrollador pasa a escribir código, hablar con el cliente, organizar el proyecto, documentar decisiones, controlar indicadores y orientar a sus compañeros.
La empresa elimina un nivel.
El trabajo no desaparece.
Se redistribuye.
El mercado está despidiendo y contratando al mismo tiempo
Uno de los aspectos más confusos de este momento es que los despidos conviven con nuevas contrataciones.
Eso solo parece contradictorio cuando tratamos la “tecnología” como una única categoría.
Las empresas no están necesariamente abandonando el sector. Están cambiando sus prioridades.
Eliminan equipos relacionados con productos con menor potencial de crecimiento y contratan profesionales de datos, seguridad, nube, infraestructura de IA, integración de modelos y automatización.
También reducen puestos generalistas mientras compiten por profesionales capaces de conectar la inteligencia artificial con problemas reales de negocio.
En Estados Unidos, las ofertas de empleo para desarrollo de software crecieron casi un 15 % entre febrero de 2025 y mediados de 2026, después de un periodo prolongado de caída. Sin embargo, el 71 % de ese crecimiento procedía de puestos sénior, mientras que el 37 % fue impulsado por vacantes que mencionaban la IA en el propio título. (hiringlab.org)
Por lo tanto, no estamos viendo simplemente la destrucción del mercado tecnológico.
Estamos viendo un cambio en la composición de la demanda.
Algunos perfiles ganan espacio.
Otros pierden poder de negociación.
Y profesionales que antes cumplían los requisitos del mercado descubren que el estándar de entrada ha cambiado.
¿Y Brasil?
Es importante tener cuidado al trasladar por completo la realidad de las grandes empresas estadounidenses.
El mercado brasileño tiene otra composición.
Una gran parte de las empresas todavía enfrenta problemas básicos de digitalización, integración de sistemas, seguridad, infraestructura, datos y automatización de procesos.
En muchos negocios, el desafío no es sustituir una operación altamente tecnológica por IA.
Es conseguir organizar sistemas que todavía dependen de hojas de cálculo, procesos manuales e información dispersa.
Eso crea espacio para los profesionales de tecnología.
Una proyección divulgada por Brasscom estima la creación de aproximadamente 33.000 empleos formales en el macrosector brasileño de TIC durante 2026, principalmente en software y servicios. Al mismo tiempo, los datos muestran una desaceleración en la creación de empleos formales y un crecimiento de los vínculos laborales a través de trabajadores autónomos y otras formas de contratación. Entre 2023 y 2025, más de la mitad de la expansión registrada ocurrió fuera del régimen laboral tradicional brasileño. (datacenterdynamics.com)
Por lo tanto, el mercado brasileño no está simplemente dejando de contratar.
Pero está contratando de otra manera.
Existe una mayor preferencia por profesionales con experiencia, un aumento de la prestación de servicios, presión sobre los salarios y una dificultad creciente para quienes buscan su primera oportunidad.
También existe una diferencia entre la creación neta de empleo y la experiencia individual de quien busca una vacante.
Un sector puede cerrar el año con un saldo positivo y, aun así, presentar miles de despidos, sustitución de profesionales y deterioro de las condiciones laborales.
Una cifra positiva no significa que todos estén seguros.
Del mismo modo, una secuencia de despidos no significa que todo el sector esté muriendo.
La IA también puede ser un chivo expiatorio
Existe el riesgo de que las empresas traten la inteligencia artificial como justificación incluso antes de obtener beneficios reales con ella.
La promesa es poderosa.
Las presentaciones muestran reducciones de costes, aumentos de productividad y operaciones automatizadas. Los líderes sienten presión para demostrar que no se están quedando atrás.
Entonces, se aprueban inversiones.
Se establecen objetivos de reducción de personal.
Se recortan equipos.
Solo después la empresa descubre que integrar IA en sistemas reales es mucho más difícil que producir una demostración impresionante.
Los datos tienen baja calidad.
Los procesos no están documentados.
Los sistemas antiguos no se comunican.
Los modelos producen respuestas incorrectas.
Los costes operativos aumentan.
Aparecen riesgos jurídicos y de seguridad.
Los profesionales necesitan revisar casi todo.
En este escenario, la empresa puede eliminar personas basándose en una productividad que todavía no ha sido demostrada.
Meses después, descubre que el trabajo sigue existiendo.
El resultado suele ser sobrecarga, pérdida de conocimiento institucional, caída de la calidad y nuevas contrataciones con nombres diferentes.
La IA no es necesariamente una mentira.
Pero las expectativas sobre ella pueden estar muy por delante de su capacidad práctica.
No todo despido representa obsolescencia profesional
Este punto debe repetirse.
Una persona no es despedida únicamente porque haya dejado de ser competente.
Profesionales excelentes pueden verse afectados por decisiones financieras, cierre de productos, cambios de dirección, fusiones o errores cometidos por los líderes.
La idea de que “solo quien no se adapta pierde su empleo” sería una simplificación cruel.
Adaptarse aumenta las posibilidades de seguir siendo relevante.
No crea inmunidad frente a las decisiones empresariales.
Existe una diferencia entre prepararse para el mercado y culpar al profesional por cualquier resultado negativo.
Podemos defender la importancia del aprendizaje continuo sin convertir cada despido en un fracaso individual.
Podemos reconocer que la IA transforma las profesiones sin aceptar que las empresas utilicen esa transformación para ocultar malas decisiones.
Podemos incentivar la productividad sin concluir que todo equipo más pequeño es automáticamente más eficiente.
Cómo interpretar los recortes
Cuando una empresa anuncia una nueva ronda de despidos, conviene observar algunas preguntas.
¿Está enfrentando una caída de ingresos o continúa creciendo?
¿Está eliminando productos completos o reduciendo profesionales en varias áreas?
¿Está disminuyendo sus inversiones o transfiriendo recursos hacia la IA?
¿Los puestos realmente dejaron de ser necesarios o el trabajo será distribuido entre quienes permanezcan?
¿La empresa demostró beneficios concretos de productividad o está actuando basándose en expectativas?
¿Está capacitando a los profesionales para nuevas funciones o simplemente sustituyendo personas?
Estas preguntas ayudan a separar la transformación tecnológica de la reducción de costes presentada como innovación.
No siempre tendremos todas las respuestas.
Pero formular las preguntas correctas ya evita que aceptemos explicaciones superficiales.
Entonces, ¿de quién es la culpa?
¿De la inteligencia artificial?
¿De los excesos de la pandemia?
¿De los tipos de interés?
¿De los inversores?
¿De los ejecutivos?
La respuesta más honesta es: depende de la empresa, del momento y del puesto.
En algunas organizaciones, los despidos todavía corrigen contrataciones excesivas.
En otras, representan la eliminación de proyectos que no funcionaron.
Hay empresas que recortan personal para financiar inversiones en IA.
Hay funciones que realmente están siendo automatizadas.
Hay líderes que utilizan la IA como justificación para objetivos financieros que ya existían.
Y hay compañías que intentan copiar a sus competidores sin comprender lo que están haciendo.
La inteligencia artificial no es la única causa.
Pero tampoco es ya una simple espectadora.
Actúa como herramienta de automatización, promesa de productividad, destino de inversiones y argumento para reestructuraciones.
Tal vez la pregunta correcta no sea si los despidos son culpa de la IA o de la pandemia.
Tal vez estemos presenciando algo mayor:
una reevaluación completa de cuánto trabajo humano creen necesitar las empresas para producir tecnología.
Durante años, crecer significaba contratar.
Ahora, crecer puede significar aumentar la producción sin aumentar el equipo.
En algunos casos, puede significar producir más con menos personas.
Ese es el verdadero punto de cambio.
El mercado de TI no está desapareciendo.
Pero la relación entre crecimiento, contratación y seguridad profesional está siendo reescrita.
La pandemia creó el exceso.
El cambio económico exigió la corrección.
Y la inteligencia artificial ofreció a las empresas una nueva posibilidad:
no solo regresar al tamaño anterior, sino intentar operar con estructuras todavía más pequeñas.
Por lo tanto, culpar exclusivamente a la IA sería demasiado fácil.
Ignorar su influencia sería ingenuo.
Los despidos masivos son el resultado de decisiones humanas tomadas dentro de un nuevo contexto tecnológico.
Y quizá esa sea la conclusión más incómoda.
Las máquinas todavía no dirigen las empresas.
Quienes deciden despedir siguen siendo personas.
